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Friday, July 22, 2005 o.o
CAPÍTULO 10

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).


- Oye, ¿a ti te importa que use el arma llena de mierda?

- No, si yo tambien la usaré.

- Vale, pero el olor es insoportable.

- Tengo una idea.

Entraron en una calle con un final en forma de cipote, y había una tienda Juteco, una tienda de perfumes y fragancias.

- Ya hemos llegado, coge un perfume.

D'oh cogió el perfume ODT y se fueron. Perfumaron las armas a base de bien.

- Joder, no se que olor es peor.

- Hombre, ya sera menos.

Y se fueron al aeropuerto a coger el billete a Okinawa, la ciudad de los videojuegos (o eso era Tokyo, no se).

En el avión, pidieron algo de cenar y durmieron, y amaneció, y pidieron un desayuno, y volvieron a dormir hasta la cena, etc, etc...

- ¡TURBULENCIAS! ¡TURBULENCIAS! - se oía por megafonía.

- D'oh, quiero que sepas en este avión, en el cual vamos a morir, ¡que te quiero!

- ¿Qué dices?

- ¡Que te quiero!

Entonces el avión cayó al mar y solo se salvaron los dos. Estaban en una pequeña isla desierta, y a lo lejos se veían tiburones.

- ¿Qué decías antes Huh?

- No nada, nada. Que qué bonito día hace.

- Vale, ¿cómo vamos a salir de aquí?

- Pondré un mensaje en la arena.

Huh cogio una viga de metal que se encontró entre los arbustos y empezó a poner el mensaje de socorro.

- Huh, ¿te queda mucho?

- No, ya termino... ¡ya está!

- Veamos que has puesto.

D'oh caminó unos pasos para leer el mensaje.

- ¡PERO HUH! ¿¡Por qué pones D'oh se la traga!?

Dos horas después terminaron de borrar todo y pusieron SOS. Todo sea que les tiren un paquete de arroz desde un avión... o algo.

- Pos nada, pa mi que vamos a estar aquí muuusho tiempo…

- No jodas chico, ¿y qué comemos?

- Nu se, amos a buscar unos cocoteros por ahí…

- Va.

Tras horas de búsqueda en los once metros cuadrados que medía la isla, encontraron una palmera muy alta, con unos coquillos en to lo alto.

- Jodo macho, a ver cómo cogemos eso.

D'oh cogió una piedra del suelo y dijo:

- Pues a pedrolazos.

Dicho esto se pusieron a tirarle piedras a los cocos, hasta que uno le cayó en la cabeza a Huh.

- ¡Jonch! ¡Cómo duele!

- Muy bien, tenemos un coco, ¿y ahora qué?

- Juas, pues habrá que abrirlo.

- Hombre, me imagino, pero ya me contarás cómo.

- Mmm… podríamos probar con un disparo de nuestras armas.

- Bueno, podría funcionar.

Cogieron un arma, apuntaron al coco y dispararon. Una gran bala impregnada en una plasta de mierda, salió a propulsión del cañón del arma. Al impactar la bala con el coco, este explotó en millones de pedazos, y la mierda bañó a nuestros intrépidos amigos.

- Joder que asco, se me han quitao las ganas de comer.

- Pozi, amos a sobar un rato.

- Buena idea.

Se echaron una siestecita de 124 horas, y el primero en despertar fue Huh.

Huh se fue a dar un paseo por la isla, ya que se aburría, y D'oh aun dormía. De repente, mientras estaba examinando un cangrejo del lugar, oyó a su amigo D'oh gritar:

- ¡SE FALSEAN LAS LLAMADAS!

Huh, confuso, corrió a ver que pasaba, pero resultó ser una simple pesadilla.

Se fueron a dar un baño, y mientras estaban tan tranquilos, un tiburón se acercaba a ellos. D'oh, que lo vio, fue a por su arma y disparó hacia él. El tiro falló, pero al tiburón le salpicó un poquito de mierda. El aroma de aquella plasta, hizo que el tiburón se agitara salvajemente hasta la muerte.

Durante una semana, estuvieron disfrutando de la playita y alimentándose de la carne del tiburón.

Un día, mientras estaban tendiendo la ropa en unas lianas, un hidroavión aterrizó frente a la isla. De el bajó una persona. Una persona que a D'oh le resultaba familiar… muy familiar… muy muy familiar… bastante familiar… una barbaridad de familiar… desproporcionadamente familiar…

- ¡Tú! - exclamó D'oh con cara de asco - ¡Tú eres uno de los maricones que me dejó el culo sangriento en el día del orgullo gay! Ahora me las vas a pagar.

El homosexual (que resultó llamarse Pumuo), intentó solucionar las cosas hablando, como personas civilizadas.

Resultó ser un buen tipo, y acordaron ir los tres juntos a Okinawa en el hidroavión de Pumuo.

Una vez llegaron a Okinawa, se hospedaron en el hotel Wachupichu, que ya lo conocía D'oh, y se echaron a dormir, pues estaban matados del viaje.

Al día siguiente, despertaron, pero vieron que Pumuo no estaba.

- ¿Dónde estará este tío?

- A saber, se habrá ido a dar un paseo…

- Güeno, pues amos a lo que hemos venío - dijo Huh poniéndose su camiseta roja.

Salieron a la calle. Huh se conocía el lugar como la palma de su mano, y tras pasar por unos callejones, llegaron a un bareto cutre cuyo camarero era un abuelillo con rehuma.

- Mi viejo amigo Peperonni Hanzo… cuanto tiempo sin verte…

"Joder, así que era aquí… ya me vale", pensó D'oh, recordando que la última vez se equivocó de local.

- ¡Coño! Pero si es Huh, ¿qué haces por aquí?

- Pues verás, la mafia de por aquí mató a mi amigo Yeh, y quería vengarme, así que me dije, ¿qué venganza con más estilo que una con una maravillosa katana de Peperonni Hanzo?

- ¡Ah! Muy bien, ven conmigo, os daré mis mejores katanas.

D'oh y Huh entraron en una sala, y recibieron de la mano de Peperonni unas katanas de acero casi indestructible, y tan afilado que cortaría hasta los güevos de Dinio.

- Pos muchas gracias Pepi, pero nos tenemos que ir, a ver si te pasas un día de estos por España…

- ¿Tú crees que regalando katanas puedo pagarme un viaje a la otra punta del mundo?

- Bueno, tú mismo.

Mientras volvían al hotel, fueron haciendo flipadas con sus espadillas.

Al llegar a la habitación, se encontraron con que Pumuo todavía no estaba. Esto empezaba a ser raro.

- Voy a darme una ducha, que se me está pegando un aromilla a japonés que quita el hipo - dijo D'oh mientras se despelotaba.

D'oh estaba plácidamente tomando una ducha, cuando Pumuo entró por la ventanilla del baño, sacó un cuchillo del bolsillo, y se dispuso a matar a D'oh.

Huh, que había oído ruidos extraños en el baño, cogió su katana y se acercó sigilosamente.

Al ver aquella escena, desenfundó su katana y se la introdujo por el culo. Pumuo, no sufrió dolor alguno, pero la mezcla de placer anal, y el desangramiento masivo, le llevaron a la muerte.

D'oh, sin enterarse de nada, siguió tomando su ducha. Al salir, y ver la escenita, corrió a ver a Huh (que estaba preparando tortitas) y le dijo:

- ¿Estás loco macho? ¿Tú no sabes lo que cuesta quitar las manchas de sangre verdad? En fin… pobre alfombra. Llamaré al servicio de limpieza.

- No hay tiempo, el avión sale a las tres.

- Bueno pos na… ¿a dónde vamos?

- A China, tengo que ajustar cuentas con la mafia… me ayudarás, ¿no?

- Claro claro, vamos para allá, pero yo creía que la mafia estaba aquí.

- Sí pero viajan mucho... ¿vale?


Capítulo puesto a las 01:03 pm por

 

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