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Friday, July 22, 2005 o.o
CAPÍTULO 1

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).

La mañana comenzó en Madrid con un frío que le helaba los pies a nuestro protagonista D'oh.

Se levantó de la cama, se puso las alpargatas y se fue a peinar el poco pelo azul que le asomaba por la cabeza. Orinó como cada día, y se preparó esos cereales con mantequilla tan característicos suyos (la receta le viene de su abuela).

Era sábado, y hoy ascendería de trabajo. Si lo hacía bien podría llegar a ser albañil.

- ¡Hoy ascenderé a albañil! - se dijo D'oh.

Y dicho esto abrió la puerta y se marchó con su maleta de cuero llena de herramientas para trabajar. Se ajustó la corbata y se puso el mono en un baño público, ya que llegaba tarde. Llegó a la obra y se puso las zapatillas de trabajar.

- Mierda de zapatillas... siempre blancas pero al final terminan con más roña que

el sobaco una gallega - exclamó D'oh abrumado -. Espero que el jefe no se porte

mal conmigo hoy.

La hora del bocadillo se acercaba, y hoy se había preparado un bocata de chistorra frita de esos buenos que le gustaban a él.

Después de comerse su delicioso bocadillo, se dirigió al centro de la obra, donde estaban todos sus compañeros esperando.

La prueba de ascenso consistía en poner el máximo de ladrillos en un minuto, y el que pusiera más sería ascendido.

- Y la prueba empieza… ¡YA! - gritó el jefe de la empresa.

Todos los currantes empezaron a colocar ladrillos a la velocidad de la luz, pero el pobre D'oh fue saboteado. Le habían cambiado todos sus ladrillos por truchas asalmonadas al pil-pil.

Terminó el minuto y entonces el jefe hizo el recuento.

Uno colocó 25 ladrillos, el siguiente 43, otro 19 y D'oh 58. Estaba claro que D'oh era el mejor de todos, pero claro, el jefe al ver toda una pared hecha de humeante pescado, no solo no ascendió a D'oh, sino que lo despidió.

D'oh regresó lloroso a casa mientras los demás compañeros se reían de él.

Pero esto no iba a quedar así. D'oh quería venganza...


Capítulo puesto a las 02:23 am por
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CAPÍTULO 2

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).

Llegó a casa, se sentó y comenzó a llorar mientras pensaba qué programa de la tele podrían echar a esas horas del mediodía. Vió un poco los Lunnis y comenzó a llorar otra vez debido a la serie...

- Esto no va a quedar así... - dijo furioso - se van a enterar estos...

Dicho esto, salió de la habitación y cruzó la puerta de su casa para ir al estudio de Televisión Española...

Llegó al estudio de TVE, un gran edificio cristalizado y sin mucho ruido. Los coches circulaban por la carretera, las personas por la acera y no ocurría nada extraño. Por fin se decidió a entrar al gran edificio.

- Buenas tardes, quería hablar con el director, que esto me parece indignante.

- Perdone, ¿qué le parece indignante? - dijo la secretaria.

- Pues los Lunnis, ¿no van y empiezan a sobreestimar los valores vitales de la subida del IPF en la bolsa? Y para colmo, se van a la cama 15 veces al día...

- Está chalado... - susurro a su compañera.

Hablando D'oh vino un guardia por detrás y dijo... - venga conmigo.

D'oh fue llevado por el guardia a un pequeño, oscuro y frío cuarto.

- Espérese aquí - le dijo el guardia.

Tras unos minutos regresó con cuatro personas más. Todas portaban un gran bate de madera. Empezaron a pegar a D'oh con rabia, y este agonizaba en el suelo.

Después de dejarle medio inconsciente, le cogieron y le tiraron por la puerta de atrás.

D'oh se levantó haciendo un esfuerzo sobrehumano y dijo con un hilo de voz:

- Me vengaré...

Pasaron dos o tres días, y D'oh se dirigió al aeropuerto. El avión hacia Okinawa salía a las 6, e iba con la hora pegada al culo.

- Pasaporte por favor.

- Aquí tiene señorita.

Después de facturar su maleta y de recorrer varios metros de pasillos, D'oh embarcó en el avión.

Para comer, se pidió unas orejas de jabalí poco hechas, acompañadas de patatas con una salsita de atún rica rica.

Hotel Wachupichu. Allí se hospedaría D'oh durante el tiempo que estuviera en Okinawa. Pero ahora mismo D'oh no pensaba en ir al hotel, tenía una cosa más importante que hacer: encontrar al famoso Peperonni Hanzo.


Capítulo puesto a las 02:31 am por
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CAPÍTULO 3

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).

Avanzó hasta llegar a una calle chica, con múltiples tiendas. Había de todo y vio una tienda con un dibujo de un palo alargado y entró sin más dilación.

Dentro del habitáculo había un hombre anciano con pinta de monje ancestral esperando tras el mostrador.

- Hola, quería una.

- ¿Usted? Bueno, hay de todo en este mundo... acompáñeme.

Entraron a una habitación parecida con un montón de vainas que parecían contener katanas. D'oh no se lo pensó y cogió una con un color mate.

- Es curioso, cojo una color mate pa matar.

- No comment - dijo el dependiente -, pero son 1000 yens.

- ¡Joder! ¡Qué caras están las katanas hoy en día! - dijo -. Bueno, adios buen hombre.

Cuando D'oh salió, el hombre pensó: "vaya tipo mas extraño que me ha tocado hoy,

¿qué se creerá que ha comprado?"

D'oh ya tenía lo que el había venido a buscar (o eso creía), así que volvió a su casa.

Eran las 12 de la noche, la hora en la que todos los obreros se reunían en la obra al rededor de una hoguera para hablar de sus cosillas. Era el momento perfecto para la venganza.

Se acercó lentamente por detrás, oculto entre los matorrales.

- ¡¡¡¡AAAAAAAAAHHHHH!!!!

D'oh se pinchó con un rosal.

- ¡Su puta madre, cómo duele!

Sorprendentemente, los obreros no le habían oído, porque estaban a su bola, bailándose unos claqués.

D'oh pegó un salto acrobático y cayó delante de ellos. Les enseñó la vaina de la katana.

Los obreros se acojonaron y se hicieron caquita en sus lindos y coquetos monos de trabajo. Entonces D'oh susurró:

- Y ahora… comienza la fiesta.

Desenfundó su katana.

- ¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!!

Exclamaron todos los obreros al poder observar, que lo que D'oh tenía en la mano, no era sino un enorme consolador.

D'oh estaba confuso, no sabía por qué se reían aquellos individuos. Y entonces lo vio. Vio lo que tenía en la mano. Dijo:

- Da igual, con esto también puedo daros pal pelo.

Y comenzó a porculizar a todos los obreros con aquella gigantesca aberración. Los obreros gritaban y lloraban de dolor. D'oh estuvo torturándolos durante horas, hasta que le dio un calambre en el brazo que le provocó un ataque de risa inesperado.

Empezó a correr calle abajo. Había torturado a aquellos obreros, pero su sed de venganza aún estaba por saciar.

- ¿Por qué habrá cambiado de negocio Peperonni Hanzo?


Capítulo puesto a las 02:33 am por
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CAPÍTULO 4

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).


Los obreros se quedaron en el suelo gritando y suplicando por la salud de su culo, y es que D'oh les había hecho un apaño muy feo. D'oh se fue a casa a descansar porque no había dormido mucho estos últimos días.

Lo primero que hizo fue verse la grabación de los Lunnis, y cuando comenzó a tener un poco de miedo a causa de la violencia de la serie paró de verlo y se fue a acostar. Al día siguiente no se levantó con buen cuerpo ya que tenía una gran herida y más sed de venganza, porque le gustó porculizar a esos pobres obreros hasta casi la muerte. Así que cogió el Porculizador Universal y se fue con dirección a TVE, pero justo cuando iba hacia allí vio OVNI. Él no creía en esas cosas, pero lo estaba viendo en ese momento. Era extraño... Se acercaba hacia él y no podía evitarlo. Un resplandor de luz cegó sus ojos y lo ascendió transportándolo hasta una plataforma metálica. Justo en frente suyo había un cartel que decía: LANA NÒICCEPSNI.

Pero D'oh estaba leyéndolo desde un espejo, y lo que en realidad ponía en aquel cartel era: INSPECCIÓN ANAL.

Sintió que se adormecía.

Después de una hora y pico, D'oh abrió los ojos. Había una luz blanca que lo cegaba.

Parpadeó unas veces y se encontró con que estaba en una habitación de un blanco intenso. Sintió un pinchazo en culo, y entonces se le vino a la mente aquel cartel. Pensó lo peor. En uno de los lados del habitáculo había un enorme espejo. Giró la cabeza hacia él, y vio que su ano estaba desproporcionadamente abierto, ya que unos ganchos metálicos lo estaban estirando hacia todos los lados.

Rompió a llorar.

- ¿Por qué coño me pasa esto a mi?

Entonces vio que su ropa y sus efectos personales estaban en una mesa junto a él. Se vistió y cogió el Porculizador Universal.

Esto no iba a quedar así...


Capítulo puesto a las 02:39 am por
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CAPÍTULO 5

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).


Se secó las lagrimas, y con su arma blanca, o más bien naranja rosadilla en mano, porculizó a todo ser viviente que encontró en la nave espacial hasta que quedaba solo el que parecía ser el comandante. Entonces le tiró el porculizador al culo y falló, pero se lanzó y lo volvió a coger. Le porculizó con éxito.

Registró la nave de arriba abajo para buscar algo de información sobre estos nuevos seres, pero no encontro nada. Encontró un tipo bajito y con bigote en un frasco de cristal muy grande que decía ser ministro de felaciones o algo así... no consiguió oir bien lo que decía porque el tipo se encontraba sumergido en un líquido verdoso.

- ¡Uy qué de botones! - dijo D'oh desconcertado - ¿Y ahora que hago yo? Debí de dejar la que limpiaba viva, para que me enseñara un poquillo de esto... A ver, le voy a dar a este botón que tiene un dibujito de una explosión nuclear, a ver que pasa.

Entonces la nave dio un brinco y pulso el botón que estaba a la izquierda de el que iba a pulsar. La nave aterrizó y D'oh dio unos pasos hacia delante.

DÍA DEL ORGULLO GAY.

D'oh no veía más que carteles con esa frase por todos lados. Y es que, ese día era el del orgullo gay.

Todos los gays, vieron el gigantesco pene de plástico que D'oh portaba, y salieron en bandada hacia él.

Lo menos cuarenta maromos estuvieron porculizando a D'oh durante eternos minutos.

Cuando la jornada acabó, D'oh se encontraba en el suelo, con el ojete sangriento, y con su preciado Porculizador Universal quemado por la fricción de tanto vello anal.

Pensó en el suicidio por un segundo, pero otro pensamiento le arrebató el primero de la cabeza: venganza.

Pero el pobre D'oh ya no tenía su arma, necesitaba encontrar otra forma de venganza. ¿Qué haría?


Capítulo puesto a las 02:44 am por
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CAPÍTULO 6

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).


- Necesito un arma urgente pero, ¿dónde conseguirla? Okinawa me pilla muy lejos y no tengo mucho dinero... ¡Ya lo se! Me pondré a trabajar.

D'oh se fue directamente a su casa con las piernas arqueadas y andando de puntillas. Cuando llegó, se sentó en su sofá.

- ¡Aaaahhhh! ¡Mi culo! No puedo sentarme...

Se tumbó en la cama, y con periodico en mano se puso a buscar en la sección de empleos, pero no veía nada, solo albañilería e informática...

- No hay nada que pueda hacer... Bueno, tendré que probar nuevas experiencias... Tiembla Bill Gates.

Al instante se encontraba en un taxi con un cojín en el culo y muchas ganas de empezar a trabajar. Llegó ante un alto edificio con muchos pisos, y entro en el hall recibidor.

- Hola, muy buenos días, ¿qué desea? Tenemos de todos los productos.

- Hola, sí, yo es que mira...

- Tenemos desde el hardware más potente hasta el software más sofisticado.

- Sí, pues mire, le explico...

- Desde el chipset más sencillo hasta el microprocesador más complejo.

- Yo es que venia por lo de...

- Desde un monitor de pantalla líquida hasta un teclado inalámbrico.

- ¡¡QUE SOY EL NUEVO TRABAJADOR, COÑO!!

- ¡Ah! No es para ponerse así, enseguida se pondrá a trabajar, venga por aquí.

- Gracias señorita...

Le llevaron a lo que sería su nuevo despacho, un habitáculo cuadrado con algunos cuadros y una mesa de madera muy lujosa, acristalada, ademas contaba con un ordenador de última generación. Ahora solo faltaba cogerle el tranquillo a todo eso...

Abrieron la puerta y D'oh se llevó un susto de muerte al ver aparecer a su compañero: un obrero porculizado, echado de la obra debido a su incapacidad para sentarse en los andamios.

- Hola D'oh, ¿qué tal? Espero que te lo estes pasando bien, jodiendo vidas, pero eso sí, se que prescindes de tu Porculizador Universal. Te lo haré pagar caro...

De momento D'oh no le dio mucha importancia a lo de su compañero, porque coincidirían pocas horas al día en el despacho, así que encendió el ordenador para empezar a trabajar.

A los dos minutos D'oh estaba desesperado, pues una ventana que salía en el ordenador le traía de cabeza. No podía soportarlo más, así que se fue al despacho de al lado a pedir ayuda.

- ¡¡¡JAJAJAJAJAJA!!!

Fue la reacción de el hombre del despacho de al lado al ver lo que ponía en la ventana: Windows se ha iniciado correctamente, presione Aceptar para empezar.

D'oh le contó al hombre (llamado Huh) que no tenía ni puta idea de ordenadores, y Huh le dijo que no se preocupara, que el estaba para ayudarle.

Después de 2 horas, D'oh consiguió escribir 10 líneas en el Word.

- D'oh, páseme ese informe a papel, haga el favor - le pidió el jefe.

D'oh se quedó confuso unos minutos. "¿Cómo coño paso yo esto a papel?"

De repente, la bombilla se le encendió. Cogió el monitor, y se fue a la sala contigua, donde estaba la fotocopiadora. Colocó el monitor sobre ella, y pulsó el botón.

Listo, ya tenía el informe preparado para su jefe.

A D'oh le resultó largo su primer día de trabajo, pero por fin llegaron las 8 de la tarde, y marchó a su casa.

Iba caminando por un oscuro y solitario callejón, cuando le pareció oír unos pasos que le seguían. Se dio la vuelta, y vio al obrero.


Capítulo puesto a las 02:45 am por
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CAPÍTULO 7

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).


- ¿Qué hace una calle como usted en una señora como esta? - preguntó el obrero.

- ¿Qué haces aquí?

- ¿No se ha dado cuenta?

- ¿De qué?

- De nuestro vínculo. Del modo en que sucedió no llego a entenderlo, es posible quizá, que al porculizarme una parte de usted quedara impresa en mi, que se sobreescribiera o se grabara algo. Llegado a este punto es irrelevante, lo importante es que lo que pasó, tuvo una razón de ser.

- ¿Qué coño dices?

- Yo le sabotee, yo le puse las truchas... Con cierta satisfacción debo añadir. Sin embargo algo pasó, algo que yo sabía que era imposible pero que a pesar de ello pasó. Consiguió porculizarme señor D'oh. Luego, aunque yo conocía las reglas y sabía qué era lo que debía hacer... no pude hacerlo. No señor, no podía esperar las colas del INEM teniendo un primo enchufe. Me sentía obligado a desobedecer, y ahora estoy en este lugar debido a usted. Debido a usted ya no soy un albañil de la construcción, debido a usted he cambiado, me he pirado, digamos que soy un hombre nuevo, en apariencia, con el culo roto.

- Felicidades.

- Gracias. Pero, como usted bien sabe, las apariencias engañan, lo que me lleva a recordar en el motivo por el que estamos aquí. No estamos aquí por amor al arte, si estamos aquí es porque le voy a devolver la enculación. No existen países que me puedan alejar de ti, ni hay razón para negarlo porque ambos sabemos que sin un culo roto, no existiríamos.

Entonces aparecieron más obreros de la oscuridad y D'oh se quedó perplejo.

El obrero informático dijo una vez reunidos unos cuantos:

- No estaríamos aquí si no tuviéramos el ojete enormemente abierto. Estamos aquí para devolverle la moneda y porculizarle a tope...

- ¡No si lo evito! - dijo D'oh.

Entonces D'oh agarró una barra de metal y se puso en posición de ataque.

Todos los albañiles tenían un porculizador universal como el que D'oh había tenido en su día. Iba a ser difícil, pero dos años de jujitsu en la escuela de monjas donde D'oh había estado, daban sus frutos.

Todos los obreros se abalanzaron sobre él para intentar porculizarle. D'oh sonrió y puso su palo en posición horizontal, pero todos los albañiles consiguieron porculizarle a la vez.

El grito de dolor que dio D'oh, se oyó en 57 kilómetros a la redonda.

Los obreros se fueron corriendo y descojonándose de la risa.

El ano de D'oh estaba mas abierto que nunca, y la ira de no hacía más que crecer en su interior. De momento no podía hacer otra cosa que irse a su casa a dormir, y de hecho, eso hizo.

A la mañana siguiente, se levantó, se puso su chupa de cuero y salió al currele.

Durante el día, D'oh progresó mucho en sus conocimientos informáticos, de hecho, consiguió abrir el explorador.

También estuvo maquinando un plan de venganza, pero necesitaría ayuda, no podía hacerlo el solo. ¿Quién podría ayudarle a llevar a cabo su plan? Era un pobre desgraciado sin amigos, nadie podría ayudarle.

Llegó la hora de comer. Se sentó solo en una mesa y abrió su bocadillo.

- ¡Eh D'oh! ¿Qué tal? ¿Puedo sentarme contigo? - era Huh, que le estaba llamando.

Una sonrisa maliciosa apareció en la cara de D'oh.


Capítulo puesto a las 02:46 am por
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CAPÍTULO 8

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).


- Oye Huh, ¿tú cómo andas de originalidad y creatividad?

- ¿Yo? Perfectamente.

- ¿Me podrías idear un plan para matar a unos obreruchos?

- ¡Claro! ¡Hago eso casi todos los días!

- Vale, pues piensa.

Estuvieron horas dentro. Mientras Huh pensaba, D'oh se inventó una canción muy currada, que hablaba sobre tías y abuelas...

- ¡Ya se! ¡Nos vamos a un sex shop de Okinawa, compramos un consolador con forma de katana y les porculizamos!

- Eso ya lo he hecho...

- ¡Joder! Se me acaban los recursos... ¿Y si nos compramos un revolver? Tengo un amigo que trabaja en una tienda de armas, podriamos visitarle.

- Vamonos de fiesta.

Se fueron de allí dirección a la armería, a encontrar a Yeh, un antiguo militar amigo de Huh.

- Hola, ¿qué quieren?

- ¡Hola Yeh! ¿Qué tal? Soy Huh, un antiguo amigo tuyo.

- ¿Huh? ¡Ah si! No te conozco...

- ¡Si hombre! ¡De la escuela de baile!

- Por favor, ¿puede usted dejar de decir calumnias?

- ¡Yeh! ¡No me digas eso!

- Bueno, ¿habeis terminado? Queremos un arma... - dijo D'oh.

- ¿Cuál? Tenemos muchas, de calibre grande, calibre pequeño...

- Pues por ejemplo...

- De boquilla abierta, cerrada...

- ¡NO EMPECEMOS OTRA VEZ! Esa de allí.

- Aquí tienes, hasta la vista.

Salieron del establecimiento con la cabeza alta, y con unas armas más grandes que ellos.

- Bueno, ¿y ahora qué hacemos?

- Tengo en mi casa una cinta de los Lunnis... ¿Vamos a verla?

- Enga.

Después de disfrutar de media hora de sangrientas aventuras de los Lunnis, salieron a la calle con sus inmensas armas dispuestos a matar.

Llegaron a la obra, donde se supone que estarían todos los obreros, pero al llegar se dieron cuenta de que allí no había ni Dios.

- ¿Qué coño pasa D'oh? ¿No era aquí?

- Joder, ya nos vale tío.

- ¿Por?

- Es domingo.

- Osti, es verdad, jajaja. ¿Y ahora que hacemos?

- Pos no se, vamos a una disco.

- Enga.

Así que D'oh y Huh se fueron en autobús a la discoteca del barrio.

Pidieron unas copas y D'oh dijo:

- Ya se cómo matar a los obreros.

- ¿Cómo?

- Trayéndolos aquí y haciendo que pidan unas cocacolas. ¡Vaya sablazo, madre! Ocho euros por una cocacolilla que no tiene ni hielo ni na.

- Jajajajaja, ya te digo.

Estuvieron hasta las tantas de juerga, y a la mañana siguiente despertaron porculizados y en un contenedor de basura.

- Diox, tengo el ojete como un colador.

- Pues si quieres ayudarme en mi venganza, vete acostumbrando... Yo estoy empezando a cogerle gustillo...

Los dos fueron a buscar sus descomunales armas, y se dirigieron a la obra. Ese día los albañiles sí estaban.


Capítulo puesto a las 02:47 am por
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CAPÍTULO 9

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).


- Oye, date un poco de brillo que va a ser la hora de comer - dijo D'oh.

- Vale... compañero.

- Me ha llamado compañero... - susurró D'oh, y acto seguido se puso a llorar.

- ¿Qué te pasa D'oh? Se te ha llenado el arma de pescado.

- Sí, de trucha asalmonada al pil-pil.

D'oh continuó llorando largo rato.

- Bueno qué, ¿terminas ya?

- ¡Tengo sentimientos Huh! - y seriamente dijo - Bueno, ahí están.

Llegaron a la obra donde trabajaban los obreros y entrando con las armas en la mano se pusieron a pegar tiros, y claro, un porculizador universal no tiene ninguna posibilidad contra armas de ese tamaño, así que empapados en sangre terminaron de amontonar los cuerpos inertes al lado de un puesto de limonada de unos niños.

- Gracias Huh, ¡esto hay que celebrarlo!

- ¡Vamonos a Okinawa, que conozco un sex shop buenísimo!

- Estas pesadito con irte a Okinawa... ¿Sabes lo que te digo?

- No.

- ¿Sabes lo que te digo?

- No.

- ¿Sabes lo que te digo?

- ¡QUE NO, COÑO!

- Que nos vamos al trabajo, que aun queda un obrero por recibir mi venganza...

Y así, los dos llegaron al trabajo, e irrumpieron en el despacho del obrero informático.

El obrero se acojonó al ver a D'oh y a Huh con aquellas descomunales armas que casi doblaban su tamaño.

Huh apuntó el arma hacia la cabeza del obrero, pero enseguida D'oh se la retiró.

- ¿Qué haces macho? - preguntó Huh confuso.

- No le mates, antes quiero reir un rato.

- Jeje, se a que te refieres.

Dicho esto, D'oh y Huh se acercaron al obrero, le bajaron los pantalones y le metieron las dos gigantescas armas a la vez por el culo.

El ano del obrero, se desgarró a lo largo de toda la espalda, hasta que llegó a la nuca y se le salió el cerebro (podríamos decir, que por el culo).

La escena era un tanto violenta, pero se veía el disfrute en la cara de D'oh.

- ¿Tienes unas pajitas? - le preguntó a Huh.

- Claro, siempre llevo unas encima por si hay que sorberle el cerebro a alguien.

- Bien, empecemos.

Y tan tranquilos, se bebieron felizmente el cerebro del obrerillo de tres al cuarto.

- ¡¡Diosss!! ¡Que me cago!

- ¡¡¡Y yoooo!!!

Y es que el cerebro les había producido una indigestión de caballo.

- ¿Qué hacemos macho? El cuarto de baño está en la sexta planta, nos giñaríamos por el camino.

- Tienes razón.

Los dos miraron sus armas. No había otro remedio, tenían que cagar dentro de las armas, o saldrían de allí nadando en mierda.

Tal era la cantidad de excremento que salió de sus enrojecidos anos, que las armas quedaron totalmente obstruidas e inutilizables.

- Buff, su puta madre, como huele aquí.

- Ya te digo, vámonos o moriremos.

Salieron del despacho y vieron a gente vomitando por el olor, a otras les explotaba la cabeza, y había varios suicidios. Suicidios homicidas.

Al salir de edificio vieron a Yeh muerto. Huh fue corriendo con lágrimas en los ojos.

- ¡Amigo mío! ¿Qué te han hecho?

Sobre el cadáver de Yeh había una nota que decía: HUH, ESTO TE PASA POR QUERER ANDAR JODIENDO CON LOS YAKUZAS.

Huh se secó las lágrimas con el envés de la manga y le dijo a su ya íntimo amigo D'oh:

- Amigo, ahora soy yo el que necesita venganza.

- Pero, ¿qué has hecho tú con los yakuzas?

- Es una historia muy larga. Acompáñame a mi casa a coger unas cosas, y te lo voy contando por el camino.


Capítulo puesto a las 03:13 am por
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CAPÍTULO 10

(Para escuchar este capítulo pincha aquí).


- Oye, ¿a ti te importa que use el arma llena de mierda?

- No, si yo tambien la usaré.

- Vale, pero el olor es insoportable.

- Tengo una idea.

Entraron en una calle con un final en forma de cipote, y había una tienda Juteco, una tienda de perfumes y fragancias.

- Ya hemos llegado, coge un perfume.

D'oh cogió el perfume ODT y se fueron. Perfumaron las armas a base de bien.

- Joder, no se que olor es peor.

- Hombre, ya sera menos.

Y se fueron al aeropuerto a coger el billete a Okinawa, la ciudad de los videojuegos (o eso era Tokyo, no se).

En el avión, pidieron algo de cenar y durmieron, y amaneció, y pidieron un desayuno, y volvieron a dormir hasta la cena, etc, etc...

- ¡TURBULENCIAS! ¡TURBULENCIAS! - se oía por megafonía.

- D'oh, quiero que sepas en este avión, en el cual vamos a morir, ¡que te quiero!

- ¿Qué dices?

- ¡Que te quiero!

Entonces el avión cayó al mar y solo se salvaron los dos. Estaban en una pequeña isla desierta, y a lo lejos se veían tiburones.

- ¿Qué decías antes Huh?

- No nada, nada. Que qué bonito día hace.

- Vale, ¿cómo vamos a salir de aquí?

- Pondré un mensaje en la arena.

Huh cogio una viga de metal que se encontró entre los arbustos y empezó a poner el mensaje de socorro.

- Huh, ¿te queda mucho?

- No, ya termino... ¡ya está!

- Veamos que has puesto.

D'oh caminó unos pasos para leer el mensaje.

- ¡PERO HUH! ¿¡Por qué pones D'oh se la traga!?

Dos horas después terminaron de borrar todo y pusieron SOS. Todo sea que les tiren un paquete de arroz desde un avión... o algo.

- Pos nada, pa mi que vamos a estar aquí muuusho tiempo…

- No jodas chico, ¿y qué comemos?

- Nu se, amos a buscar unos cocoteros por ahí…

- Va.

Tras horas de búsqueda en los once metros cuadrados que medía la isla, encontraron una palmera muy alta, con unos coquillos en to lo alto.

- Jodo macho, a ver cómo cogemos eso.

D'oh cogió una piedra del suelo y dijo:

- Pues a pedrolazos.

Dicho esto se pusieron a tirarle piedras a los cocos, hasta que uno le cayó en la cabeza a Huh.

- ¡Jonch! ¡Cómo duele!

- Muy bien, tenemos un coco, ¿y ahora qué?

- Juas, pues habrá que abrirlo.

- Hombre, me imagino, pero ya me contarás cómo.

- Mmm… podríamos probar con un disparo de nuestras armas.

- Bueno, podría funcionar.

Cogieron un arma, apuntaron al coco y dispararon. Una gran bala impregnada en una plasta de mierda, salió a propulsión del cañón del arma. Al impactar la bala con el coco, este explotó en millones de pedazos, y la mierda bañó a nuestros intrépidos amigos.

- Joder que asco, se me han quitao las ganas de comer.

- Pozi, amos a sobar un rato.

- Buena idea.

Se echaron una siestecita de 124 horas, y el primero en despertar fue Huh.

Huh se fue a dar un paseo por la isla, ya que se aburría, y D'oh aun dormía. De repente, mientras estaba examinando un cangrejo del lugar, oyó a su amigo D'oh gritar:

- ¡SE FALSEAN LAS LLAMADAS!

Huh, confuso, corrió a ver que pasaba, pero resultó ser una simple pesadilla.

Se fueron a dar un baño, y mientras estaban tan tranquilos, un tiburón se acercaba a ellos. D'oh, que lo vio, fue a por su arma y disparó hacia él. El tiro falló, pero al tiburón le salpicó un poquito de mierda. El aroma de aquella plasta, hizo que el tiburón se agitara salvajemente hasta la muerte.

Durante una semana, estuvieron disfrutando de la playita y alimentándose de la carne del tiburón.

Un día, mientras estaban tendiendo la ropa en unas lianas, un hidroavión aterrizó frente a la isla. De el bajó una persona. Una persona que a D'oh le resultaba familiar… muy familiar… muy muy familiar… bastante familiar… una barbaridad de familiar… desproporcionadamente familiar…

- ¡Tú! - exclamó D'oh con cara de asco - ¡Tú eres uno de los maricones que me dejó el culo sangriento en el día del orgullo gay! Ahora me las vas a pagar.

El homosexual (que resultó llamarse Pumuo), intentó solucionar las cosas hablando, como personas civilizadas.

Resultó ser un buen tipo, y acordaron ir los tres juntos a Okinawa en el hidroavión de Pumuo.

Una vez llegaron a Okinawa, se hospedaron en el hotel Wachupichu, que ya lo conocía D'oh, y se echaron a dormir, pues estaban matados del viaje.

Al día siguiente, despertaron, pero vieron que Pumuo no estaba.

- ¿Dónde estará este tío?

- A saber, se habrá ido a dar un paseo…

- Güeno, pues amos a lo que hemos venío - dijo Huh poniéndose su camiseta roja.

Salieron a la calle. Huh se conocía el lugar como la palma de su mano, y tras pasar por unos callejones, llegaron a un bareto cutre cuyo camarero era un abuelillo con rehuma.

- Mi viejo amigo Peperonni Hanzo… cuanto tiempo sin verte…

"Joder, así que era aquí… ya me vale", pensó D'oh, recordando que la última vez se equivocó de local.

- ¡Coño! Pero si es Huh, ¿qué haces por aquí?

- Pues verás, la mafia de por aquí mató a mi amigo Yeh, y quería vengarme, así que me dije, ¿qué venganza con más estilo que una con una maravillosa katana de Peperonni Hanzo?

- ¡Ah! Muy bien, ven conmigo, os daré mis mejores katanas.

D'oh y Huh entraron en una sala, y recibieron de la mano de Peperonni unas katanas de acero casi indestructible, y tan afilado que cortaría hasta los güevos de Dinio.

- Pos muchas gracias Pepi, pero nos tenemos que ir, a ver si te pasas un día de estos por España…

- ¿Tú crees que regalando katanas puedo pagarme un viaje a la otra punta del mundo?

- Bueno, tú mismo.

Mientras volvían al hotel, fueron haciendo flipadas con sus espadillas.

Al llegar a la habitación, se encontraron con que Pumuo todavía no estaba. Esto empezaba a ser raro.

- Voy a darme una ducha, que se me está pegando un aromilla a japonés que quita el hipo - dijo D'oh mientras se despelotaba.

D'oh estaba plácidamente tomando una ducha, cuando Pumuo entró por la ventanilla del baño, sacó un cuchillo del bolsillo, y se dispuso a matar a D'oh.

Huh, que había oído ruidos extraños en el baño, cogió su katana y se acercó sigilosamente.

Al ver aquella escena, desenfundó su katana y se la introdujo por el culo. Pumuo, no sufrió dolor alguno, pero la mezcla de placer anal, y el desangramiento masivo, le llevaron a la muerte.

D'oh, sin enterarse de nada, siguió tomando su ducha. Al salir, y ver la escenita, corrió a ver a Huh (que estaba preparando tortitas) y le dijo:

- ¿Estás loco macho? ¿Tú no sabes lo que cuesta quitar las manchas de sangre verdad? En fin… pobre alfombra. Llamaré al servicio de limpieza.

- No hay tiempo, el avión sale a las tres.

- Bueno pos na… ¿a dónde vamos?

- A China, tengo que ajustar cuentas con la mafia… me ayudarás, ¿no?

- Claro claro, vamos para allá, pero yo creía que la mafia estaba aquí.

- Sí pero viajan mucho... ¿vale?


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