Entry: CAPÍTULO 8 Friday, July 22, 2005



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- Oye Huh, ¿tú cómo andas de originalidad y creatividad?

- ¿Yo? Perfectamente.

- ¿Me podrías idear un plan para matar a unos obreruchos?

- ¡Claro! ¡Hago eso casi todos los días!

- Vale, pues piensa.

Estuvieron horas dentro. Mientras Huh pensaba, D'oh se inventó una canción muy currada, que hablaba sobre tías y abuelas...

- ¡Ya se! ¡Nos vamos a un sex shop de Okinawa, compramos un consolador con forma de katana y les porculizamos!

- Eso ya lo he hecho...

- ¡Joder! Se me acaban los recursos... ¿Y si nos compramos un revolver? Tengo un amigo que trabaja en una tienda de armas, podriamos visitarle.

- Vamonos de fiesta.

Se fueron de allí dirección a la armería, a encontrar a Yeh, un antiguo militar amigo de Huh.

- Hola, ¿qué quieren?

- ¡Hola Yeh! ¿Qué tal? Soy Huh, un antiguo amigo tuyo.

- ¿Huh? ¡Ah si! No te conozco...

- ¡Si hombre! ¡De la escuela de baile!

- Por favor, ¿puede usted dejar de decir calumnias?

- ¡Yeh! ¡No me digas eso!

- Bueno, ¿habeis terminado? Queremos un arma... - dijo D'oh.

- ¿Cuál? Tenemos muchas, de calibre grande, calibre pequeño...

- Pues por ejemplo...

- De boquilla abierta, cerrada...

- ¡NO EMPECEMOS OTRA VEZ! Esa de allí.

- Aquí tienes, hasta la vista.

Salieron del establecimiento con la cabeza alta, y con unas armas más grandes que ellos.

- Bueno, ¿y ahora qué hacemos?

- Tengo en mi casa una cinta de los Lunnis... ¿Vamos a verla?

- Enga.

Después de disfrutar de media hora de sangrientas aventuras de los Lunnis, salieron a la calle con sus inmensas armas dispuestos a matar.

Llegaron a la obra, donde se supone que estarían todos los obreros, pero al llegar se dieron cuenta de que allí no había ni Dios.

- ¿Qué coño pasa D'oh? ¿No era aquí?

- Joder, ya nos vale tío.

- ¿Por?

- Es domingo.

- Osti, es verdad, jajaja. ¿Y ahora que hacemos?

- Pos no se, vamos a una disco.

- Enga.

Así que D'oh y Huh se fueron en autobús a la discoteca del barrio.

Pidieron unas copas y D'oh dijo:

- Ya se cómo matar a los obreros.

- ¿Cómo?

- Trayéndolos aquí y haciendo que pidan unas cocacolas. ¡Vaya sablazo, madre! Ocho euros por una cocacolilla que no tiene ni hielo ni na.

- Jajajajaja, ya te digo.

Estuvieron hasta las tantas de juerga, y a la mañana siguiente despertaron porculizados y en un contenedor de basura.

- Diox, tengo el ojete como un colador.

- Pues si quieres ayudarme en mi venganza, vete acostumbrando... Yo estoy empezando a cogerle gustillo...

Los dos fueron a buscar sus descomunales armas, y se dirigieron a la obra. Ese día los albañiles sí estaban.

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